Diamante, un caballo pequeño, con heridas, ventrudo, de largo cuello y huesudas ancas cumplió su ultimo día de trabajo en la mina arrastrando vagones con carbón en las galerías.
Al verlo salir de la mina, el más viejo de los mineros, a quien le gustaba leer y siempre llevaba un libro entre sus ropas, hizo un pequeño discurso en honor al caballo. Señalo que también algún día los mineros viejos como el serian expulsados de la mina por ser inútiles. Los demás mineros lo escucharon en silencio. Cuando se acerco el capataz se dispersaron y el viejo callo.
Pero fue atacado por un enjambre de tábanos y al tratar de huir tropezó y cayó en una grieta y quedo ahí tendido. Mientras, los buitres comenzaron a volar en círculos en el cielo.
Capitulo 2: La compuerta No12
Un viejo lleva a su hijo a trabajar a la mina y luego de descender se lo presenta al capataz. Como solo tenia 8 años y era delgado, el capataz le dijo al minero que Porque mejor no dejaba que el niño siguiera en la escuela, a lo que el minero le costo que en su casa eran 6 y solo el trabajaba y necesitaban otro ingreso.
Capitulo 3: El grisú
Mr. Davies, el ingeniero jefe, algo obeso, alto, fuerte, de rostro colorado debido al whisky, debía inspeccionar la mina periódicamente, cosa que no le gustaba y, por lo tanto, castigaba y multaba a los mineros a su antojo. Por eso los mineros le tenían terror.
Al llegar a la mina se subió a un vagón el cual era empujado por atrás y por delante por 2 uchachos. Luego de mucho arrastrar el carro el muchacho de adelante ya no pudo más y Mr. Davies debió continuar a pie.
Después los mineros le plantearon a Mr Davies que les subiera un poco el salario ya que les estaba costando mucho cavar por la dureza del material y así no podían llegar a la cuota mínima que les exigía la empresa, a lo que Mr Davies contesto indignado que eran unos flojos y solo les subió minimamente el precio. Un minero entonces le rogó que les subiera otro poco el salario y le mostró una herida en su brazo que demostraba el esfuerzo que hacían, pero Mr Davies le respondió al
minero con un golpe.
Uno de los mineros que trataba de cambiar los maderos era conocido
como Viento Negro, tenia 18-19 años, pendenciero y fanfarrón y abusaba de su fuerza con sus compañeros por lo que no era apreciado por estos.
Al llegar Mr Davies a ese lugar con el capataz le aplico una multa injusta a Viento Negro, el cual se enojo y entonces el capataz lo golpeo por lo cual el minero se trenzo a golpes con el capataz. Mr
Davies entonces golpeo a Viento Negro y lo obligo a trabajar.
Pero al pegarle a la roca Viento Negro con su martillo estallo el gas grisú
Al oír la explosión, los mineros quisieron ir a ayudar a las victimas pero un capataz les dijo que primero debía ventilarse la mina. Sin embargo, Tomas, un minero alto y robusto dijo que bajaría de todos modos y lo hizo acompañado de otros hombres.
Encontraron al capataz, a Mr Davies y a 4 mineros muertos. Mr Davies había sido atravesado por un fierro y lo sacaron a duras penas de la mina, es decir que, después de muerto, todavía seguía martirizando a los mineros.
Capitulo 4: El pago
Pedro Maria trabajaba en la mina y el último día, antes de terminar su turno, le puso todo el empeño posible para sacar más carretillas de carbón de modo de aumentar su salario.
Al llegar a su casa en la noche su mujer le dijo que no habría cena esa noche a lo que Pedro le respondió que no importaba porque al día siguiente seria día de pago. ( Los mineros y su familia estaban obligados a comprar víveres en la tienda de provisiones de la Compañía). Al otro día Pedro acudió a la mina por su pago. Vio que un minero recibía como salario solo una moneda la que arrojo con rabia y unos niños se apresuraron a recogerla.
Pero Pedro no fue llamado al igual que otros mineros a la ventanilla de pagos. A medida que iban acercándose el centenar de mineros a efectuar sus reclamos, el encargado les decía que, a causa de las multas, eran ellos los que le debían dinero a la Compañía y si alguna mujer de minero reclamaba la echaban a la fuerza.
Cuando le toco el turno a Pedro resulto que le quedo debiendo dinero también a la Compañía. Su mujer pregunto: ¿Qué vamos a hacer? Y se devolvió a su habitación con sus 2 hijos. Pedro se quedo en el mismo lugar y soñó despierto que ya no le costaba extraer el carbón de la mina y este ya no era negro sino rojo como la sangre de generaciones de mineros y una vez trabajado se convertía en oro que al contacto con la tierra hacia aparecer palacios y parejas bailando. De pronto la música ceso en su sueño y toda la riqueza se transformo en sangre. Luego una multitud de esqueletos destrozaba los palacios y con los pedazos de murallas y columnas cubría sus huesos y estos se revestían de carne.
Capitulo 5: El chiflon del diablo
El capataz detuvo a 2 mineros: el Cabeza de Cobre y otro y les dijo que se habían quedado sin trabajo. Los mineros sabían que era una táctica para obligarlos a trabajar en el Chiflón del Diablo y que aceptaran a pesar que sabían que era peligroso. Pero preferían morir rápidamente en un derrumbe que lentamente de hambre.
El Chiflón del Diablo era una galería peligrosa por lo blando del terreno que ocasionaba frecuentes derrumbes.
Para ahorrar dinero la Compañía había ordenado que no se usara tanta madera en sostener el techo de esa galería lo que la hacia mas peligrosa aun.
Cabeza de Cobre no le contó a su madre llamada Maria de los Angeles, que lo habían cambiado al Chiflón del Diablo ya que allí había muerto su marido y 2 hijos. Durante el DIA sonó la alarma de la mina. Un derrumbe en el Chiflón del Diablo había cobrado 3 muertos.
Para ahorrar dinero la Compañía había ordenado que no se usara tanta madera en sostener el techo de esa galería lo que la hacia mas peligrosa aun.
Cabeza de Cobre no le contó a su madre llamada Maria de los Angeles, que lo habían cambiado al Chiflón del Diablo ya que allí había muerto su marido y 2 hijos. Durante el DIA sonó la alarma de la mina. Un derrumbe en el Chiflón del Diablo había cobrado 3 muertos.
Capitulo 6: El pozo
Rosa se ocupaba en regar su huerto. De pronto apareció un individuo joven, de rostro pálido y pelo largo y lacio que le exigía que fuera su mujer a lo que Rosa le respondió: ¡ Primero muerta ¡
Entonces el hombre la arrojo al suelo y comenzaron a luchar pero apareció otro hombre y la pelea era ahora entre esos 2 individuos.
El hombre que peleaba por defender el honor de Rosa era joven, más alto que su oponente, espaldas anchas, buenmozo, ojos claros, rizado cabello y rubios bigotes. De repente Rosa le lanzo a su atacante un puñado de arena a los ojos y este fue el momento que aprovecho su defensor para derrotarlo.
Entonces el hombre la arrojo al suelo y comenzaron a luchar pero apareció otro hombre y la pelea era ahora entre esos 2 individuos.
El hombre que peleaba por defender el honor de Rosa era joven, más alto que su oponente, espaldas anchas, buenmozo, ojos claros, rizado cabello y rubios bigotes. De repente Rosa le lanzo a su atacante un puñado de arena a los ojos y este fue el momento que aprovecho su defensor para derrotarlo.
Rosa era hija única y vivía con su madre y su padre que trabajaba en la mina.
Un día, para evitar que Rosa acarrease con esfuerzo el agua para regar el huerto, a su padre se le ocurrió hacer un pozo en el huerto. Los 2 rivales se ofrecieron a ayudar al padre de Rosa.
Remigio estaba en el fondo del pozo y Valentín recibía la arena que iba echando en un balde su oponente desde la parte superior del pozo jalándolo con una cuerda. En un momento Valentín se ausento con el pretexto de que quería agua pero solo fue a conseguir un beso de Rosa,
la que accedió.
Valentín se fue después a su casa pero Remigio se oculto en el pozo. Al descubrirlo Rosa, como broma subió el cordel con el balde. Luego llego Valentín y Remigio desde el fondo del pozo escucho a Valentín y Rosa besándose.
Al rato apareció Valentín y le arrojo la cuerda de nuevo. Remigio salio del pozo con ansia de venganza. Un momento después vio que Rosa y Valentín se reían de el.
Capitulo 7: Juan Fariña
Un hombre subía por el camino en dirección a la mina. Era de elevada estatura y por su traje, cubierto por el polvo rojo de la carretera, parecía más bien un campesino que un obrero. Un saco atado con una correa pendía de sus espaldas y su mano derecha empuñaba un grueso
bastón, con el que tanteaba el terreno delante de sí. Pidió lo llevaran a presencia del capataz.
-Me llamo Juan Fariña, y quiero trabajar en la mina de barretero -le dijo tranquilamente el ciego.
-Quedas aceptado -dijo el capataz, después de un instante de vacilación-, un ciego que no pide limosna y desea trabajar merece ser bien acogido; puedes empezar cuando gustes.
Desde aquel día quedó Fariña incorporado al personal de la mina, conquistándose muy luego la reputación de obrero inteligente y valeroso. La deferencia con que era tratado por los jefes y su
carácter huraño y retraído le enajenaron las simpatías de sus camaradas, quienes no podían comprender que aquel ciego prefiriese los trabajos y miserias del minero a la vida libre y sin afanes del mendigo. Aquello no era natural y debía encerrar algún misterio. Durante aquellas quince horas de ruda faena arrancaba del filón un número de vagonetas superior al mínimum reglamentario. Aquello desconcertaba a los más esforzados barreteros, pues en aquel sitio el mineral era duro y consistente y el mejor de ellos jamás había alcanzado un éxito semejante. Este hecho robusteció en la crédula imaginación de aquellas sencillas gentes la creencia de que Fariña era un ser extraordinario. Contábase de él que sólo iba a la mina a dormir y que un socio cuyo nombre no se atrevían a pronunciar, desprendía de la vena el carbón necesario para completar la tarea del día. Y no era un misterio para nadie que por la noche, cuando quedaba la mina desierta, se oía en la cantera maldita un redoble furioso que no cesaba hasta el alba. Aquel obrero
infatigable, del que se hablaba en voz baja y temerosa, no era sino el Diablo. Dos viejos mineros encargados de vigilar por las noches los corredores de ventilación veían amontonarse el carbón con asombrosa rapidez delante del incógnito y nocturno obrero, cuando de pronto un pedazo arrancado con fuerza del innoble bloque derribó dos trozos de madera de revestimiento apoyados en la pared, los que al caer el uno sobre el otro, formaron por una extraña casualidad una cruz en el húmedo suelo del corredor. Un terrible estallido atronó la bóveda y una ráfaga de aire azotó el rostro de los dos obreros clavados en el sitio por el espanto, desapareciendo súbitamente la infernal visión. A la mañana siguiente ambos fueron encontrados desvanecidos en el fondo de una galería mal ventilada, y desde ese instante nadie dudó en la mina de que un tenebroso pacto ligaba al borrecido ciego con el espíritu del mal. Sus vecinos en la cantera abandonaron sus labores trasladándose a otro sitio, viéndose obligado Fariña para no abandonar la faena a ser barretero y carretillero a la vez.
Por aquel exceso de trabajo su musculoso cuerpo fue perdiendo poco a poco aquel aspecto de fuerza y de vigor.Un decaimiento visible se operaba en él, y los obreros que lo observaban atribuíanlo a que el término del nefando pacto debía de estar próximo. Los mineros veían en aquel ciego un enemigo de su tranquilidad y de la existencia de la mina misma. De un hombre que tenía pacto con el Diablo no podía esperarse nada bueno. -Cuando yo muera, la mina morirá conmigo -había dicho el misterioso ciego. En la semana que precedió a la gran catástrofe, Fariña obtuvo la plaza de vigilante nocturno de aquella sección de la mina donde trabajaba, empleo cuyo desempeño le era relativamente fácil.
Un día, para evitar que Rosa acarrease con esfuerzo el agua para regar el huerto, a su padre se le ocurrió hacer un pozo en el huerto. Los 2 rivales se ofrecieron a ayudar al padre de Rosa.
Remigio estaba en el fondo del pozo y Valentín recibía la arena que iba echando en un balde su oponente desde la parte superior del pozo jalándolo con una cuerda. En un momento Valentín se ausento con el pretexto de que quería agua pero solo fue a conseguir un beso de Rosa,
la que accedió.
Valentín se fue después a su casa pero Remigio se oculto en el pozo. Al descubrirlo Rosa, como broma subió el cordel con el balde. Luego llego Valentín y Remigio desde el fondo del pozo escucho a Valentín y Rosa besándose.
Al rato apareció Valentín y le arrojo la cuerda de nuevo. Remigio salio del pozo con ansia de venganza. Un momento después vio que Rosa y Valentín se reían de el.
Capitulo 7: Juan Fariña
Un hombre subía por el camino en dirección a la mina. Era de elevada estatura y por su traje, cubierto por el polvo rojo de la carretera, parecía más bien un campesino que un obrero. Un saco atado con una correa pendía de sus espaldas y su mano derecha empuñaba un grueso
bastón, con el que tanteaba el terreno delante de sí. Pidió lo llevaran a presencia del capataz.
-Me llamo Juan Fariña, y quiero trabajar en la mina de barretero -le dijo tranquilamente el ciego.
-Quedas aceptado -dijo el capataz, después de un instante de vacilación-, un ciego que no pide limosna y desea trabajar merece ser bien acogido; puedes empezar cuando gustes.
Desde aquel día quedó Fariña incorporado al personal de la mina, conquistándose muy luego la reputación de obrero inteligente y valeroso. La deferencia con que era tratado por los jefes y su
carácter huraño y retraído le enajenaron las simpatías de sus camaradas, quienes no podían comprender que aquel ciego prefiriese los trabajos y miserias del minero a la vida libre y sin afanes del mendigo. Aquello no era natural y debía encerrar algún misterio. Durante aquellas quince horas de ruda faena arrancaba del filón un número de vagonetas superior al mínimum reglamentario. Aquello desconcertaba a los más esforzados barreteros, pues en aquel sitio el mineral era duro y consistente y el mejor de ellos jamás había alcanzado un éxito semejante. Este hecho robusteció en la crédula imaginación de aquellas sencillas gentes la creencia de que Fariña era un ser extraordinario. Contábase de él que sólo iba a la mina a dormir y que un socio cuyo nombre no se atrevían a pronunciar, desprendía de la vena el carbón necesario para completar la tarea del día. Y no era un misterio para nadie que por la noche, cuando quedaba la mina desierta, se oía en la cantera maldita un redoble furioso que no cesaba hasta el alba. Aquel obrero
infatigable, del que se hablaba en voz baja y temerosa, no era sino el Diablo. Dos viejos mineros encargados de vigilar por las noches los corredores de ventilación veían amontonarse el carbón con asombrosa rapidez delante del incógnito y nocturno obrero, cuando de pronto un pedazo arrancado con fuerza del innoble bloque derribó dos trozos de madera de revestimiento apoyados en la pared, los que al caer el uno sobre el otro, formaron por una extraña casualidad una cruz en el húmedo suelo del corredor. Un terrible estallido atronó la bóveda y una ráfaga de aire azotó el rostro de los dos obreros clavados en el sitio por el espanto, desapareciendo súbitamente la infernal visión. A la mañana siguiente ambos fueron encontrados desvanecidos en el fondo de una galería mal ventilada, y desde ese instante nadie dudó en la mina de que un tenebroso pacto ligaba al borrecido ciego con el espíritu del mal. Sus vecinos en la cantera abandonaron sus labores trasladándose a otro sitio, viéndose obligado Fariña para no abandonar la faena a ser barretero y carretillero a la vez.
Por aquel exceso de trabajo su musculoso cuerpo fue perdiendo poco a poco aquel aspecto de fuerza y de vigor.Un decaimiento visible se operaba en él, y los obreros que lo observaban atribuíanlo a que el término del nefando pacto debía de estar próximo. Los mineros veían en aquel ciego un enemigo de su tranquilidad y de la existencia de la mina misma. De un hombre que tenía pacto con el Diablo no podía esperarse nada bueno. -Cuando yo muera, la mina morirá conmigo -había dicho el misterioso ciego. En la semana que precedió a la gran catástrofe, Fariña obtuvo la plaza de vigilante nocturno de aquella sección de la mina donde trabajaba, empleo cuyo desempeño le era relativamente fácil.

